Origen de las microfinanzas en Europea
En la mayor parte del mundo, las microfinanzas permiten a las personas excluidas del sector financiero clásico obtener micropréstamos para acompañarlas en su vida cotidiana, permitirles implicarse en actividades productivas y facilitar el desarrollo de sus pequeños negocios.
El concepto de las microfinanzas, aunque basado en antiguos sistemas de préstamo respaldados por la confianza, ha adquirido su forma actual de herramienta de desarrollo económico tan sólo en los años 70. Al comienzo de los 80 comenzó a difundirse y, hoy día, muchos ejemplos e iniciativas han logrado demostrar su eficacia. Un ejemplo que cabe mencionar es el de la Grameen Bank, en Bangladesh, donde desde los años 70 se han estado otorgando préstamos a corto plazo por un monto total de varios millones de euros, principalmente a mujeres, con el fin de ayudarlas a iniciar actividades comerciales en el sector agrícola o artesanal. Esta experiencia ha originado muchas más en el mundo entero y principalmente en Asia, en el Pacifico, en América Latina y en África. Más recientemente, varias iniciativas han sido implementadas en Europa del Este y en Europa Occidental.
En Europa del Este y Central, el sector microcrediticio ha demostrado su dinamismo. Tras la caída del muro de Berlín (1989) se comenzaron a implementar actividades microfinancieras en los antiguos países comunistas afín de proporcionar una apoyo fiable a aquellas personas que trataban de desarrollar actividades económicas generadoras de ingresos, en un entorno económico en el cual el sector bancario no estaba preparado y era incapaz de responder adecuadamente a las crecientes necesidades financieras. Además de la participación de las IMF y de las ONGs a las microfinanzas en Europa del Este, se nota un interés creciente de los bancos comerciales por ofrecer microcréditos a los sectores pobres de la población. Es un sector en plena expansión cada vez más estructurado.
A pesar de un interés cada vez mayor, el crecimiento del sector de las microfinanzas en Europa Occidental es reciente y limitado, aunque algunos ejemplos muestren el profundo arraigamiento de las microfinanzas en esta parte del continente: la «Raiffeisen Bank» en Alemania, los «Lending Charities» en Gran Bretaña y las cooperativas con el modelo de las «Casse Rurali» en Italia.
En esta parte de Europa, las microfinanzas aparecen ante todo como una herramienta de crecimiento económico y de cohesión social. A pesar de una red bancaria densa y eficiente, muchas pequeñas empresas y numerosas familias no tienen acceso a los servicios financieros. La exclusión financiera se concentra mayoritariamente en los sectores pobres y en las personas en situación de exclusión social. La base del sistema económico en Europa Occidental se caracteriza por la importancia del papel que desempañan las PYMES. El 93% de los 23 millones de PYMES europeas está formado por microempresas (entre 0 y 9 empleados) y cada año se crean aproximadamente dos millones de empresas de las cuales el 99% son PYMES. Una tercera parte de las nuevas empresas corresponde a negocios creados por personas en paro.
Obviamente, estas empresas tienen un impacto importante, tanto a nivel económico como social. La capacidad que tiene el sistema bancario en alcanzar y servir tales entidades es vital para el desarrollo del bienestar socioeconómico de la población. De hecho, la exclusión del sistema bancario representa un obstáculo importante a la hora de crear actividades económicas que generen ingresos.
En este contexto, el desarrollo de servicios microfinancieros, a la vez por parte de los bancos y de otras entidades financieras permite mitigar este vacío económico. El microcrédito favorece el desarrollo del espíritu emprendedor al facilitar el auge de nuevos negocios. El hecho de obtener un crédito permite a las personas en paro sentirse económicamente independientes, lo que participa a una mejor cohesión social. Así pues, el microcrédito se enmarca perfectamente dentro de
la estrategia de Lisboa a favor del crecimiento, del empleo y de la cohesión social, tal como definida por la Unión Europea.
Para alcanzar estos objetivos, las microfinanzas en Europa Occidental deben acompañarse de otras medidas de apoyo empresarial, de desarrollo comunitario o de servicios sociales. Dichos servicios son imprescindibles para asegurar un impacto positivo sobre las microempresas y a menudo requieren trabajar con voluntarios, sobre todo en lo que se refiere a actividades de consejo y acompañamiento. La importancia de los servicios no financieros es una de las características del sector de las microfinanzas en Europa, un sector que debe aún hacer frente a varios retos para poder crecer y desarrollarse, con el fin de servir al mayor número posible de clientes.