Por exclusión financiera entendemos la incapacidad de las personas, de los hogares o de determinados colectivos de acceder a los servicios financieros de forma adecuada. La exclusión financiera es, ya sea una causa, ya sea una consecuencia de la exclusión social, o los dos a la vez.
El acceso a los servicios financieros es esencial para que los individuos se integren económica y socialmente en las sociedades de hoy día. Es también una necesidad de cara al empleo, al crecimiento económico, a la reducción de la pobreza y a la inclusión social.
Las microfinanzas incluyen la oferta de créditos, el ahorro, los seguros y el arrendamiento, así como otros servicios no financieros como los Servicios de Desarrollo Empresarial (Business Development Services) y la educación financiera. Muy a menudo se ven las microfinanzas como un medio para mejorar la calidad de vida, reducir la vulnerabilidad y desarrollar la capacidad de empoderamiento [1] de las personas tanto a nivel social como económico. Tener acceso al ahorro, al crédito o a las ayudas financieras reduce el riesgo de pobreza y por lo tanto, todos los colectivos en situación de exclusión podrían sacar provecho de las microfinanzas, de una forma u otra. Como ejemplo de la pertinencia de las microfinanzas en la lucha contra la exclusión social, se puede citar la mención de los colectivos en situación de exclusión en los Planes de Acción Nacionales sobre Inclusión Social (NAPs) así como otros ejemplos de países que han implementado programas de apoyo específicos, algunos de los cuales se basan en las microfinanzas, con objetivos profesionales (empleo) pero también sociales.
[1] “De la exclusión a la inclusión por medio de las microfinanzas”
