Para la mayoría de los nacionales de países terceros, no miembros de la UE, que residen en algún país miembro, la integración es un proceso que comienza una vez dichas personas son capaces de ganar su vida, satisfacer sus necesidades básicas y tener proyectos de futuro. Pero los problemas de discriminación y la dificultad a la hora de satisfacer los criterios impuestos por los patrones para conseguir un empleo excluyen de hecho a estas personas del mercado laboral.
El hecho de emigrar hacia otro país y de estar dispuesto a empezar de nuevo su vida demuestra que estas personas cuentan ya con un carácter emprendedor. Crear su propio empleo o su propio negocio para salirse de una situación de paro y alcanzar un estatuto de ciudadano como cualquier otra persona refleja también esta lógica.
Sin embargo, existen aun numerosos obstáculos a la hora de crear y desarrollar una microempresa. El principal obstáculo es el acceso al capital por lo que hoy en día el microcrédito aparece como una herramienta adecuada para vencer este problema.
Por estos motivos, los programas europeos de microfinanzas han identificado las personas procedentes de países terceros como uno de los grupos a los que se dirigen estos servicios y para ello deben desarrollar estrategias específicas afín de responder de forma adecuada a las necesidades propias de dichos grupos.
En el día de hoy, se han identificado dos ejes de desarrollo:
